El mal aliento no es solo una cuestión social. Muchas veces es una señal de que algo no va bien en tu boca o en tu cuerpo.
La causa más común es la acumulación de bacterias en la lengua, las encías o entre los dientes. Una higiene insuficiente, caries sin tratar o enfermedad periodontal pueden estar detrás de ese olor persistente que no se va ni con enjuague.
Pero hay más. El reflujo gástrico, la diabetes, problemas renales o hepáticos también pueden manifestarse a través del aliento. Por eso, si el problema persiste después de mejorar tu higiene bucal, merece la pena consultarlo.
En muchos casos, una limpieza profesional y un buen plan de higiene bastan para resolverlo. En otros, el dentista puede derivarte al especialista adecuado. Lo importante es no ignorarlo ni taparlo con chicles.

