Por muy bien que te cepilles, hay sitios a los que el cepillo no llega. Entre los dientes, bajo la línea de la encía, en esa muela del fondo que siempre se queda a medias.
Ahí se acumula la placa. Y la placa, con el tiempo, se endurece y se convierte en sarro. El sarro ya no se va con el cepillo: hace falta una limpieza profesional.
Qué hacemos en una higiene dental
Eliminamos el sarro y la placa de todas las superficies de los dientes, también por debajo de la encía cuando es necesario. Después pulimos para retirar manchas superficiales y dejar el diente liso, de forma que a la placa le cueste más volver a agarrarse.
Y aprovechamos para revisar cómo están tus encías. Si sangran, si hay inflamación o si algo necesita más atención, te lo decimos con claridad y sin alarmismos.
¿Duele? ¿Desgasta el esmalte?
No. Una higiene bien hecha no daña el esmalte. Como mucho notarás algo de sensibilidad durante la limpieza o unas horas después, sobre todo si hacía tiempo de la última. Vamos a tu ritmo y paramos cuando lo necesites.
Cada cuánto conviene hacerla
Depende de cada boca. Para la mayoría de personas, una o dos veces al año es suficiente. Si tienes tendencia a acumular sarro, llevas implantes u ortodoncia o tus encías son delicadas, te recomendaremos hacerla con más frecuencia.
Al terminar te damos consejos concretos para tu caso: qué cepillo usar, cómo limpiar entre los dientes y qué zonas vigilar. Porque la mejor higiene es la que haces cada día en casa.
Una boca limpia se nota, se siente y se mantiene sana más tiempo.


